martes, 25 de julio de 2006

Editorial Fortuna 25-07-2006


En China, país con las tasas de crecimiento, inversión y comercio más altas del mundo, todo tiene su modelo y dinámica, todo puede ser especial y no serlo. Existe muy poca claridad y muchas formas de cometer errores. Si bien siempre hay que ser cuidadoso con los negocios, en China los esmeros deben de ser más efectivos. Las posibilidades de tergiversación, rapacería y malas interpretaciones son muchas.
Las inversiones extranjeras directas Chinas son estratégicas, y se realizan a nivel de gobierno o a nivel de grandes empresas. El gobierno solo invierte en energía-petróleo y sus derivados, gas, carbón térmico-, y materias primas básicas-hierro, acero- aunque menos, ya que pueden transformar el hierro, cobre y zinc-. Las grandes empresas invierten en adquisición de marcas comerciales, cuando ya no les es posible seguir copiando. El chino no es un hombre de negocios torpe, sabe perfectamente que lo que produce y vende por un dólar FOB., en Europa se despacha por quince. Al comprar la red de distribución, sabe que venderá por quince dólares en Europa, Australia, EE.UU. o Canadá. Con esa tasa de retorno invierte. En China solo interesan las grandes empresas y no las PyMEs. A los chinos no les interesan ni siquiera sus propias PyMEs. Ellos anhelan fascinar grandes empresas que empleen a miles de trabajadores y que realicen inversiones millonarias. Teniendo en cuenta que todo esta controlado por el gobierno, a las empresas extranjeras se las obliga a unirse en joint venture con empresas estatales que, generalmente se sostienen con enormes falencias financieras. El objeto asociativo es que sean saneadas por los nuevos inversores y produzcan. Una vez funcionando el Joint Venture, el riesgo será “el rapto de la tecnología”. Se me olvidaba, la facturación se realizará, a través de empresas paralelas de capital 100% chino.
¿Que se le puede vender a China? – Materias primas, energía y derivados. La razón es sencilla, un chino promedio puede gastar menos de un dólar al día en comida y sus rutinas alimentarias son muy simples. Los productos que lleguen necesitarán de un periodo de maduración largo para ser aceptados en el mercado. La leche ha entrado hace menos de diez años, los yogures menos de dos, y el mejor café a los ojos de un chino es el café instantáneo, porque fue el primero en llegar. Claramente un buen café colombiano, a los chinos no les gustará. Apliquemos este criterio para vinos finos, yerba mate y dulce de leche. Para los chinos estos gustos son nuevos como el mismísimo jamón español, no están al corriente de lo que es bueno o malo para los occidentales. Además, para este tipo de venta, en China hay que realizar grandes inversiones iniciales, corriendo el riesgo de ser asidos. Los vendedores coinciden en decir que si pueden-y siempre pueden-los compradores chinos serán lo menos claro posible, ellos nunca dicen que no a nada, aunque no estén muy seguros. En esta serie de inferencia, cobra importancia la red de contactos en altos niveles de gobierno. Hoy lucen interesantes las minas de cobre, mineral que ha alcanzado un precio histórico durante el mes de Junio. Me permitiría decir que en China “se buscan minas”, pero de grandes cantidades de toneladas al mes, con un precio CIF competitivo. A esta altura he conseguido expresar que los chinos conocen de medio a medios los embelecos, que no se le ocurra a nadie especular confiando en la viveza criolla. Para ir hoy a China, hay que hacerlo con un proyecto claro y acciones muy limitadas, como relocalizacion de plantas productivas para obtener beneficios en los costos salariales. Esa es la razón de las extraordinarias inversiones que capta China, y de ninguna manera la meneada seguridad jurídica que tanto exageran los economistas antiguos. Ante esta realidad, tampoco parece sólido el argumento de país serio con el que a los argentinos tanto se nos flagela.

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